sábado, 12 de febrero de 2011

El moño de la Tía Clorinda

Corría el año de 1963 y en Piura después de mucho tiempo se restituía las celebraciones de su Semana Jubilar. Don Oscar Román Baluarte era a la sazón el primer alcalde elegido por el pueblo representando al partido del presidente Belaúnde, quien como primera medida de su gobierno había dispuesto elecciones directas para los municipios, alcaldías que en dictadura siempre fueron designadas a dedo.

En ese primer concejo edil como presidente de la Comisión de Cultura se desempeñaba don Carlos Manrique León, concejal por el partido aprista, quien como tal fuere también presidente de la comisión de celebraciones. Estas festividades a decir de los más veteranos fueron inolvidables tanto por su gran organización como por el concurso de la ciudadanía en forma participativa.
También serían trágicamente inolvidables pues Susana I Reina de Piura una vez terminado el desfile de carros alegóricos como cierre de las festividades, sufrió un accidente en la carretera a Sullana donde el auto en que se movilizaba se empotró contra un volquete de recojo de basura que irresponsablemente sin luces de peligro se dirigía al relleno sanitario de la ciudad.
Resultado fatal, Susana León Trelles perece en el accidente enlutando no sólo a su familia sino a todo Piura que herida en duelo la acompañó a su última morada.

Sucede que entre los múltiples espectáculos y diversiones que se puso a disposición del público llegaron los juegos mecánicos, trayendo como principal atractivo la novedosa Montaña Rusa. Don Carlos como presidente de la antes referida comisión recibió buena cantidad de pases para estos juegos mecánicos. Un día que llegó a su casa un tanto copeado, pues el reconocido poeta y escritor también fue gran bohemio, encontró a sus primas de visita y junto con sus hermanas las invita a salir a la verbena popular y hacer uso de los mencionados pases. Bueno pues, las primas Seminario León y doña Clorinda Correa León se decidieron a subir y probar la montaña rusa pese a la oposición del primo Carlos y su esposa Carmencita quienes les advertían de los peligros. “No hay que tener miedo, carajo”, exclamo doña Clorinda entre retando y dándose valor a la vez.   

Así los coches empezaron a rotar, al principio lento lo que le acomodaba bien a la tía quien con aires de suficiencia miraba hacia el público. “Ya ves Jesús que no era pa tanto” le comentó a su prima que iba al lado. Cuando de repente el tirón de la primera subida y la súbita y violenta caída del coche. “Qué así era la cojudez?” alcanzó a preguntarse la pobre mujer tratando de ponerse de pie, lo que su prima Jesucita evitó de un fuerte jalón que la mantuvo en su asiento. Para esto Clorinda ya presentaba rasgos de desesperación. Sus ojos que de por si eran saltones estaban desorbitados y su voz desgarrada empezó a escucharse en todo el recinto. “paren esta cojudez” “indio desgraciado para que me mato”. “So jijo de una gran puta paraaaaa” se alcanzó a oír en el siguiente pase de los carros, a la vez que un chorro de vómito caía sobre los ocasionales espectadores. “Primo que paren esta cojudezzzz” ya con el moño desbaratado alarmó a don Carlos que fue a exigir que detengan la montaña rusa, pero todo fue infructuoso y nada se pudo hacer por ayudar a la pobre tía Clorinda.

Finalmente se detienen los coches y recién pueden bajar las sesentonas zarandeadas primas. La tía Clorinda tratando de arreglarse el moño y al mismo tiempo insultando a los operadores “estos indios desgraciados hijos de puta casi me han matado” alcanzando a meterle un carterazo en la cabeza a uno de ellos. El primo Carlos tratando de calmarlas iba detrás de ellas un poco entre asustado y otro aguantando las ganas por arrastrarse de la risa, como así lo hizo hasta el día de su muerte cada vez que se acordaba de esta entrepijada aventura de la primera Semana de Piura de la nueva era.

A su sobrina y reina Susana I le dedicaría el bello y conmovedor poema “Flor Sacudida”. 

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