Lejos de constituir una celebración de riguroso sentido religioso las fiestas patronales de los pueblos del interior, van encerrando día a día un intenso sentimiento pagano, donde bajo la justificación de lo religioso se incrementan grandes movimientos comerciales y también reencuentros sociales que terminan en las más espantosas borracheras casi siempre con bailongo incluido de cierre de fiestas, donde por supuesto nacen muchos nuevos fiestitas.
El patroncito del pueblo es siempre una imagen de yeso muy bien cuidada y ataviada. Cuentan que cierta vez en un pueblo del Bajo Piura el mayordomo, que es el encargado de buscar fondos durante todo el año para las festividades, en los movimientos de la imagen del Arcángel Miguel sufre un percance que daña el yeso, no siendo posible su reparación inmediata.
El pobre hombre se rompía la cabeza buscando solución a su problema y no ataba ni desataba. Hasta que mirando a su hijo, un fornido y jovenzuelo cholón, se le cruza la peregrina idea y lo ve como el arcángel, diciéndole “José tú me vas a sacar del apuro”, “yo papá, cómo?” “te vas a vestir y representar a la imagen”, “No papá yo no puedo, no” finalmente logra convencerlo con alguna dádiva y se disponen a vestir al santo. Sin embargo no había la vestimenta que le quedara por lo que optaron por adquirir papel crepé y procedieron a enfardarlo. Finalmente la imagen si bien no queda perfecta al menos como se dice pasaba piola.
Sale el cortejo de lo más normal, pero avanzando a su encuentro a dos calles viene la comparsa de las Tres Marías, que eran tres cholitas maltoncitas ataviadas de minifalda y bien presentaditas que zarandeaban sus cuerpecitos cantando “somos las Tres Marías más puras que un clavel” “somos las Tres Marías más puras que un clavel”, se le colocan delante de las andas que llevaban al cholón algarrobado vestido con papel crepé. A la tercera vez que le repiten la danza cantada, el cholo ya no aguanta más y después del “somos las Tres Marías más puras que un clavel” mirando a su padre alcanza a rimar: “quítenmelas de en medio que se me rompe el papel”. El mayordomo preocupado procedió a retirar a las Tres Marías, a la vez que los encargados revestían las partes dañadas de la muy humana imagen.
______________________________________________________________
Tradición recogida en una tertulia familiar con la señora Carmen Argüelles de Manrique, directora de la Revista Epoca , decana del periodismo regional.

No hay comentarios:
Publicar un comentario